Examen de Teoría del Arte I (Conato Spinoziano)


Transcripción del Examen de Teoría del Arte I del primer cuatrimestre de segundo curso de Historia del Arte.

Asignatura muy complicada, sobre todo por la forma mía de entenderla y de plantear el examen.

Conato Spinoziano (intento de ensayo freestyle sobre ideas de Baruch)

Justificación inicial.

Desde hace unos años me he interesado -llegar a la frontera de los cuarenta tiene estas cosas- por los aforismos, por las frases breves y sentencias de todo tipo. Se pueden leer muchas al día, tanto las clásicas como las recién sacadas del horno del twitter, que con  sus 140 caracteres invita a estas reflexiones cortas. He llegado a la conclusión de que este tipo de poemillas o frases cortas gozan de tanta popularidad  por la época que nos ha tocado vivir. Son breves dosis de saber, de cultura o de filosofía que necesitamos para ser mejores, para cultivar y favorecer nuestro conatus, vamos. Disponemos, por regla general, de poco tiempo, y antes que leer las dos partes del Quijote leemos 100 frases extractadas de él. Nos hacen pensar, sonreír o meditar un poquito. Hay una sentencia que me ha dejado de piedra, como si Medusa misma me hubiera mirado fijamente a los ojos; y ni siquiera la leí, se la escuché al profesor Jordi Claramonte que la expuso en las charlas virtuales del curso. Es una idea de Spinoza, sacada de su Ética: “bueno es todo aquello que aumenta mi capacidad de obrar y comprender”. Su simplicidad, belleza y profundidad me dejaron atónito. Mozart en estado puro.

Solemos reconocemos aquello que ya conocemos de antemano -idea kantiana, y por ello muy lógica-. Por eso me fijé tanto en esa frase y no en otras de otros autores, algunas igualmente recomendables para trabajar sobre ellas. Su música la había escuchado años atrás en mis únicas lecturas medianamente filosóficas hasta este curso; libros que se suelen catalogar como filosofía espiritual o de tendencias orientalizantes, muy en boga en occidente desde los años 60  -el Dhammapada, los Versos Aúreos, el Tao Te King, la Bhagavad Guita, las Meditaciones de Marco Aurelio, el Nuevo Testamento, los libros de Krishnamurti, Maurice Nicoll, etc.- Músicas de diversas procedencias y de períodos históricos distintos, pero con un mismo contrapunto: la búsqueda interna de Dios, del hombre, del alma, de lo bueno; del conocimiento de uno mismo, al fin y  al cabo. La letra a esta música la acababa de poner Baruch Spinosa.

Hay que recordar en este punto que para el sefardí universal  “lo bueno es lo mismo que lo útil, lo inteligente, lo virtuoso y lo bello”. La orquestación perfecta, al más perfecto, por simple, y en apariencia fácil, estilo mozartiano.

A diferencia de Aristóteles para el que la belleza, la verdad y la bondad eran lo mismo, pero había sólo una, Spinoza plantea que lo bueno (bello, inteligente, virtuoso) es múltiple; finito, pero no único.

Esta frase, que si la hubiera leído igual no me habría causado tanto impacto, ya que el medio difusor, en este caso el profesor, fue clave para hacérmela llegar, tiene mucha más miga de lo que aparenta y fue la elegida para este trabajo. Hizo saltar una antigua espita interna y me hizo rememorar fascinantes horas de lectura y meditación robadas al sueño. Me ha hecho recordar la famosa búsqueda interior, el Cuarto Camino o el Camino del Medio budista.

Su Ética está plagada de frases que nos podrían servir igualmente para demostrar la concomitancia de su sabiduría con las de los pensadores orientales:

La mayor soberbia, y la mayor abyección, son la mayor ignorancia de sí mismo

Quien se conoce a sí mismo clara y distintamente, y conoce de igual modo sus afectos, ama a Dios, y también más cuanto más se conoce a sí mismo y más conoce sus afectos

Cuanto más se esfuerza cada cual en buscar su utilidad, esto es, en conservar su ser, y cuanto más lo consigue, tanto más dotado de virtud está.”

Las afinidades son más que evidentes.

La frase en cuestión es una buena frase, por la maravilla de su simplicidad y contenido, y es una frase buena en sí misma, puesto que con su lectura y posterior reflexión, nos incrementa, sin duda, dicha capacidad de obrar y comprender. En palabras del propio Spinosa “la definición de algo afirma, no niega, la esencia de ese algo”. Se puede abordar su estudio de diversas formas. Para este trabajo consideramos -y siempre sin dejar levemente de divagar y de dejar volar los recuerdos de dichas lecturas antiguas- una separación y comentario de cada de las partes importantes de la misma e intentar relacionarla con el arte o con otras cuestiones más personales.

BUENO es TODO AQUELLO que AUMENTA MI CAPACIDAD de OBRAR Y COMPRENDER

BUENO.

Spinoza, como ya hemos comentado antes, equiparaba la bondad con la belleza, la inteligencia y lo virtuoso. Pero ¿qué es bueno? ¿Cómo puedo conocer, saber, discernir qué es lo que es bueno? Cada cual, según su conatus, y aplicando diversos ingenios, tiene la capacidad para descubrir qué es lo que es bueno. El único modo, o al menos el más directo y que me lleva directamente con la idea principal de este conato spinoziano, es el concepto de trabajar sobre uno mismo. Lo que los filósofos orientales definen como el trabajo sobre uno mismo -el nosce te ipsum del frontispicio del oráculo de Delfos- a nivel interior, es ampliable -y aplicable- a todos los campos en Spinoza. Normalmente deseamos que nos digan qué es lo que nos conviene, lo que es bueno o malo, lo que es pecado o lo que no. Estoy triste y quiero que alguien, una autoridad en la materia, un médico -o un sacerdote- me consiga una pastilla y se me quiten cuanto antes dichas penas. Queremos eliminar los síntomas simplemente, no las causas profundas de dicha tristeza. Esto pasa en todos los niveles de la vida. En los libros orientales, y sobre todo en las historias que se nos cuentan del píncipe Siddhartha -el histórico y el de Hesse- siempre la meditación, el ayuno, el recogimiento y la búsqueda de uno mismo, nos lleva a la verdadera iluminación; es decir, trabajando realmente con esfuerzo sobre nosotros mismos. Sin llegar a tal radicalismo místico, podemos decir que sólo nosotros tenemos la capacidad de discernir, no sin esfuerzo, desde luego, lo que es bueno o malo -lo que nos es bueno o malo-. Las pasiones alegres, sin ir más lejos nos dan pistas, nos aligeran el camino con sus deliciosas miguitas de pan, para esta búsqueda. Reconocemos lo bueno porque nos hace mejores. Spinoza da en blanco en este punto, ya que alimentando nuestro verdadero ser -de cosas buenas- podemos llegar a ser verdaderamente.

TODO AQUELLO.

En estas dos palabras está el quid de la cuestión. Todo aquello. Es decir, me vale cualquier cosa que yo, desde mis conocimientos, bagaje cultural, pasiones, vivencias, creencias, etc., considere. Yo decido qué es todo aquello. No me sirven los catálogos de cosas válidas o cánones de belleza o de plasticidad. Ni mucho menos las autoridades que decidan por nosotros. Como Gary Cooper en High Noon, tenemos que tomar parte, no delegar en nadie. Spinoza, y por eso estaba proscrito en su época como pensador, elimina, desautoriza, la propia autoridad externa. Nadie, sino yo mismo soy el que decide qué es bueno, malo, feo, hermoso o válido. Dichas atribuciones son personales y hay que elegir, de entre las infinitas maneras de las cosas, las que nos sean propicias. Como se comentó en los cursos virtuales, y relacionando esto con temas puramente artísticos, Spinoza debería de ser la base ideal para todas las tendencias artísticas actuales. La concepción del mundo artístico después de la irrupción de Duchamp ya no es la misma; ahora, tanto el artista como el espectador tienen sus puntos en común y sus diferencias conceptuales, aunque ambos se necesiten mutuamente. Para un artista contemporáneo, cualquier cosa –todo aquello– que le haga experimentar algo nuevo, o distinto, o simplemente le llame la atención, puede que lo considere como un acto de creación artístico. Si yo como artista me creo que una televisión antigua destrozada a hachazos -por poner un ejemplo que haría si fuera artista conceptual- significa para mí la idea del fin de la era analógica y el comienzo de la digital, ya es para mí una obra digna de ser expuesta en  la Tate Modern o en el Reina Sofía. Por otra parte, al espectador actual, que no tiene porqué sintonizar con el artista, ya que su culturilla y sus vivencias, sin duda, son distintas, le es a menudo muy complicado captar el verdadero sentido de la obra. Pero aquí entra el concepto de Spinoza de todo aquello, ya que para un espectador medio, un garabato informalista no le suele decir nada; de hecho más bien menos que nada, y considera Las Meninas -si es español sobre todo- como la mejor de las obras maestras de la pintura. Esta idea se la han inculcado desde la cuna. Su actitud cambiaría radicalmente si dicho garabato estuviera realizado por su propio bebé. Ni Jackson Pollock ni Velázquez: su propio hijito de 2 años le ha hecho ver las cosas de un modo nuevo y seguramente mejor; le ha hecho aumentar su capacidad de obrar y comprender, -en este caso el propio concepto de vida o infancia o naturaleza-.

El arte ya no nos sirve sino para que nos sirva para algo. Estamos ante un concepto de “arte curativo”, en palabras de Jodorowsky, cuando dice que si el arte no cura no es arte, o que la finalidad del arte es curar; que si no cura, no es arte verdadero. No anda muy descaminado, el famoso artista chileno, desde este punto de vista.

Alimentándonos con todo tipo de influencias que nos hagan ser más nosotros alcanzaremos una mejor comprensión de nosotros mismos y, por extensión del resto de las cosas. Cada cual, con su conatus, debe de buscar el “alimento espiritual” que más le convenga para tal fin.

AUMENTA MI CAPACIDAD.

Esta parte de la frase la podemos trabajar desde un punto de vista evolutivo. Lo que nos hace aumentar las capacidades en la vida cotidiana: el estudio, el entrenamiento, la experiencia, etc. siguen siendo conceptos del trabajo sobre uno mismo del que hablábamos antes: nadie logra nada importante sin esfuerzo, y todo lo que se logra fácil, igualmente fácil se pierde. En términos evolutivos todo lo que nos ha hecho aumentar las capacidades a lo largo de la historia de la humanidad -desde que no éramos sino primos hermanos de Lucy- nos ha hecho mejorar como especie, nos ha hecho más fuertes, más competitivos a escala evolutiva; más aptos para la vida. Modificando la manera de pensar nos hicimos bípedos, descubrimos la manera de hacer fuego, comenzamos a hablar o nos sedentarizamos e inventamos la agricultura y la ganadería. De igual modo todo, lo que no nos ha servido para aumentar dichas capacidades, nuestra adaptación al medio, la misma evolución se ha encargado de eliminar. Esta idea es muy del conatus de Spinoza, para el que la Naturaleza y el instinto de conservación son tan importantes.

Aumentar las capacidades es sinónimo de cambio, tanto físico como mental o espiritual. En este último nivel, un cambio en la manera de pensar es lo que tantos maestros espirituales y religiosos han intentado, en la mayoría de las ocasiones sin mucho éxito, enseñar; -sobre todo debido a  interpretaciones literales de sus doctrinas-.

Al incrementar nuestras capacidades allanamos el terreno a la propia evolución, tanto personal como de la especie. Basta recordar la mínima parte del cerebro humano que ponemos en funcionamiento por regla general. En cuanto sepamos cómo aumentar dicho porcentaje-trabajando constante y duramente sobre uno mismo, podría ser la forma- veríamos el mundo de una manera distinta, ya que seríamos otros completamente distintos. Perseverando en el ser, que diría nuestro amigo, el pulidor de lentes.

OBRAR Y COMPRENDER.

La idea de obrar y comprender está ya en la obra de los humanistas italianos medievales. El “agere et intelligere” remite a diferenciarnos del reino animal para poder dominar un mundo que nos pertenece. Ideas naturales nuevamente. Hay que recordar aquí, que para Spinoza, los afectos pueden causar un aumento en la capacidad de obrar del propio cuerpo. Pero también vemos ideas entroncadas en las filosofías orientales, donde la acción, el cambio, la energía vital, la propia naturaleza lo es todo. La forma de encauzar esto es mediante la voluntad, el conatus;  perseverando es su ser, nuevamente.

Cuando un problema surge, la mera comprensión del mismo desencadena fuerzas que logran, al final, resultados positivos. Si un problema se define bien -gran parte de las ideas filosóficas devienen de definir problemas o conceptos abstrusos- y se comprende claramente la duda que plantea, dicho problema desaparece. Todo lo que nos permita comprender mejor -y su consecuencia directa: obrar mejor- es bueno, válido, para nosotros, que tendemos, o deberíamos tender, a la perfección. Cada cual a la suya.

Comprender sin obrar es simplemente teoría, algo incompleto. Y viceversa, obrar sin comprender no es válido al cien por cien. Han de estar las dos unidas, han de ir cogidas de la mano, para que todo tenga verdadero sentido.

¿Y ahora… qué? Posible conclusión final.

La decisión personal de elegir esta frase y la manera de enfrentarme a ella fue todo un reto. Lo fácil, supongo, hubiese sido buscar ideas abstractas ajenas a mis vivencias, emplear términos filosóficos, rebuscar en libros y páginas web y acabar confeccionando un artículo serio, o con pretensiones de serlo. Nada más lejos de mi intención, como queda comprobado. Ni siquiera se me pasó por la imaginación. Intenté rebuscar en el marasmo de mis capacidades cognitivas e intentar sacar algo nuevo. O al menos distinto. Espero haber acertado con la elección.

Toda reflexión -aunque sea a este nivel, a nivel de usuario, podríamos denominarlo- sobre un texto filosófico es un trabajo individual en el que las lecturas, las vivencias, las influencias personales de todo tipo salen a la luz. Es complicado, tanto por inexperiencia como por miedo a indagar en ello. La inexperiencia en el estudio filosófico es algo arraigado desde la escuela, y el miedo a abrirse y a profundizar en el interior de uno es debido a que puede hacer aflorar pensamientos o ideas muy distintas a las que estamos habituados a manejar y a controlar. Siempre se tiene miedo a lo desconocido, y si lo desconocido es uno mismo, se teme aún más. Nos gusta andar sobre seguro y pisar terreno firme.

La buena noticia es que si queremos hacer vino tenemos que pisar las uvas con los pies desnudos. El vino que me nos hecho decantar Spinoza es añejo, tiene buen color y su sabor es muy familiar.

Lo que vemos es lo que podemos ver, como diría Kant. En este sentido lo más visible para mí de Spinoza, es, sin duda su religiosidad y espiritualidad, tirando a orientales. Vino viejo en odres renovados.

Toda la Ética de Spinoza es una búsqueda de Dios, del alma, del hombre y de sus facultades. Todas esas cosas están muy unidas y a menudo es difícil separarlas: Dios es la Naturaleza -Dios está en todas partes- y, sin duda, tenemos la semilla divina dentro de nosotros. Simplemente hay que alimentarla y hacerla crecer para que ésta aflore. También dicha obra está plagada de analogías orientales, como la de no separar alma y cuerpo de una manera radical. Aquí Spinosa hace un guiño -¿sin darse cuenta?- al oriente filosófico, donde la separación occidental de ambos conceptos no se entiende muy bien. Para ellos el alma y la carne, el ying y el yang, lo de arriba como lo de abajo, son indisolubles.

Spinoza no podía ser de otra forma. El pulidor de lentes, desde su heterodoxia judía intenta sacar lo mejor de nosotros, que trabajemos sobre nosotros mismos y averigüemos qué es lo que nos hace ser mejores, más completos: más nosotros mismos. En la búsqueda del alma, o la de Dios, está una buena parte del encuentro con uno mismo.

Al igual que los grandes maestros espirituales, Spinoza, nos invita a reflexionar qué es lo que consideramos realmente bueno, o bello; nos invita que nosotros investiguemos en nosotros mismos para saber de qué material estamos hechos.

Apelo a Jorge Luis Borges

Ignoro si mi este pequeño ensayo logra, tras su lectura, aclarar algo -si no lo logra toda la culpa es, sin duda culpa de su autor-. A mí me ha aclarado -y recordado- bastantes cosas durante su preparación y confección. Este trabajo, así como las charlas virtuales, los temas y los libros recomendados en el curso, me han hecho aumentar la capacidad de obrar y comprender, con lo que se podría decir que ha sido una buena experiencia, algo bueno, siguiendo las ideas spinozianas, con lo que considero un acierto plantearlo de esta forma. De todos modos apelo a la experiencia de Borges, quien fue incapaz de escribir una obra  sobre Spinoza después de haberla preparado durante décadas, y al que sólo le dedicó dos sonetos -como al ajedrez… curiosa coincidencia de afinidades y de personajes: Borges, Spinoza, Duchamp y el ajedrez-. No pudo con él, pese a que le amaba profundamente.

Bibliografía básica empleada:

Baruch de Espinosa (sic). Ética demostrada según el orden geométrico. Edición preparada por Vidal Peña. Biblioteca de la Literatura y el Pensamiento Universales. Madrid, 1984.

Spinoza. Tratado breve. Traducción: Atilano Domínguez. Alianza Editorial. Madrid, 1990.

Atilano Domínguez (comp.) Biografías de Spinoza. Alianza Editorial. Madrid, 1995.

Jordi Claramonte Arrufat. Desacoplados. Estética y política del western. Colección Infumables. Papel de fumar ediciones, C.S.A. La Tabacalera. Madrid, 2011. Formato PDF.

Textos y autores citados en el trabajo:

Dhammapada. Versos Aúreos. Tao Te King.  Bhagavad Guita.  Meditaciones de Marco Aurelio. Nuevo Testamento. Krishnamurti, Maurice Nicoll, Kant, Alejandro Jodorowsky, Jorge Luis Borges…

Incursión constante en Wikipedia y otros recursos similares de la red tanto para escribir correctamente los nombres de los autores y libros mencionados en el trabajo como para la confirmación datos absurdos y dispersos.

Imprescindibles: Charlas virtuales del profesor Jordi Claramonte Arrufat.

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Acerca de dibujarconluz

Fotógrafo aficionado y aficionado a mil cosas.
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Una respuesta a Examen de Teoría del Arte I (Conato Spinoziano)

  1. Kasansass dijo:

    Las frases breves se llevan porque vamos muy deprisa y no hay tiempo de leer ni escuchar nada que sean mas que una docena de palabras.

    Una buena idea, destripar la frase para poder entenderla mejor. Y es cierto que viendola así, se piensa de otro modo, y la frase dice mucho mas de lo que aparentemente se ve….

    Lo acabo de leer, pero debo leerlo otra vez. Sabes? Se me ha venido a la mente, que igual no entiendo el arte de Benavente porque quizás como tu dices, yo siendo espectador quizás no sintonizo con el artista. Sera que mi cultura es mas callejera y menos de libro, por no mencionar, las viviencias respecto al arte…

    Ya me has hecho pensar…. ¬¬’

    Me gustó mucho

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